Vinos rosados

Vinos rosados, ¿cómo y cuándo consumirlos?

De vino para jóvenes o aficionados, los vinos rosados se abren camino caldos con glamour, frescos y plenos de sabores y aromas, ideales para cualquier momento del día y estupendos compañeros de un sinfín de platos.

Refrescante como un blanco, pero lleno de los matices y tonalidades de las uvas tintas, los rosé o vinos rosados son vinos muy elegantes, frutales y fáciles de beber. ¿Quieres sacarles su máximo partido? No te pierdas nuestros consejos para saber cómo maridarlos y la mejor manera de tomarlos.

¿Cuándo tomar vino rosado?

Cuándo tomar vinos rosados

Al tratarse de un vino ligero y fresco, cualquier momento del día es bueno para tomar un vino rosado. Desde un brindis en un buen brunch, acompañamiento en el almuerzo o cena o sus sobremesas e incluso de sorbo dulce y refrescante al caer la tarde.

De hecho, este carácter más suave y versátil hace que para muchos sea considerado con el caldo ideal para iniciarse en el mundo del vino. Es más fácil aprender a apreciar el vino con uno rosado que con un tinto con cuerpo o un blanco seco. Y de ahí, se pueden ir adquiriendo paladar para saborear el resto.

Además, su facilidad para maridar con todo tipo de alimentos lo convierte en el compañero ideal de prácticamente cualquier plato: pescado, carnes ligeras o asados, arroz, pastas, quesos, ensaladas, postres…

Y, en cuanto a estaciones, encaja en todas, aunque es cierto que, al tomarse frío, a una temperatura de entre 7 y 8 grados centígrados, la primavera y el verano son las más indicadas para ello.

Tipos de vino rosado

Vinos rosados para el verano

Los vinos rosados tienen una gran variedad de aromas, en los que abundan la notas florales y frutales, sobre todo, a pera, manzana, melocotón o frutos rojos. Algunas de las uvas más usadas en su elaboración son la Syrah, Tempranillo, Garnacha, Bobal o Cabernet Sauvignon.

Básicamente, se pueden distinguir tres tipos de vino rosado: de corte seco, de corte dulce y espumosos.

Los secos son los que más se producen en todo el mundo y en su elaboración se mezclan 2 o 3 variedades de uva. Los más dulces son menos conocidos y se producen principalmente con una sola uva, sobre todo, Garnacha o Merlot. Dentro de estos, están los semidulces, con más contenido en azúcares y muy fáciles de beber.

Por último, el espumoso es parecido a un cava pero con otros matices d aromas y sabor ¡Merece la pena probarlo!

Maridajes con vinos rosados

Cómo beber vinos rosados

¿Con qué marida el vino rosado? Con casi todo lo que quieras. Es un vino tremendamente versátil que realza el sabor de una gran variedad de platos y refresca. Un consejo: sírvelo en copas más pequeñas de las que usas para el vino tinto con la idea de que no se caliente, ya que el rosado es mejor tomarlo en frío.

  • Ensaladas. Las ensaladas de todo tipo maridan bien con los vinos rosados. Da igual si es la típica ensalada mixta, lleva frutas, ahumados o quesos. Con un vino rosé, tus ensaladas serán el doble de refrescante. Prueba, por ejemplo, a acompañar esta ensalada de melón y queso de cabra o esta tropical con mango, queso feta y salmón.
  • Quesos. Los que mejor combinan con el rosado son los más suaves y de pasta blanda, como el brie o el camembert.
  • Pasta. Dale un toque fresco a tu plato de pasta con una copa de vino rosado. Si la pasta va con marisco o pescado, prueba con un rosado seco; y si llevas ingredientes más dulces, con uno con más azúcar.
  • Arroces. Paella, arroz negro, caldoso… cualquier forma de preparar el arroz agradece un vino rosado. Prueba con uno espumoso o un rosé joven y fresco.
  • Pescados y mariscos. Sus notas florales y frutales son ideales para maridar con pescados blancos como el bacalao, la merluza, el rodaballo o el rape ¡También va genial con el sushi o el ceviche!
  • Carnes. Dejando de lado las carnes rojas y más contundentes, el vino rosado marida bien con la carne de pollo y cerdo, las carnes ahumadas, el lechazo y las carnes frías, estupendas para el verano.
  • Postres. Por supuesto, los rosé son pareja ideal de los postres, tanto los más secos y ácidos para contrarrestar el dulzor como los más dulces para acompañar la sobremesa con otros matices.
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